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La medianoche había quedado ya un par de horas atrás, pero eso no hacía que Armando alterara lo mas mínimo el ritmo de su paso. Su ruta no era en absoluto peligrosa. El barrio residencial en el que vivía estaba catalogado como el mas seguro de la ciudad.
La calle estaba bañada por la anaranjada luz de las farolas que se reflejaban en los coches de un modo especial que, unido al silencio, daban una enorme sensación de serenidad. Cuando dejó atrás la zona en la que se permitía aparcar, la atmosfera cambió. Ésta parte del barrio era la de mayor belleza, la luz de las farolas había sido sustituida por la de pequeños farolillos de luz blanca que guardaban a cada lado las puertas de las casas de lujo a las que pertenecían, las aceras eran mucho mas anchas y con numerosa decoración floral. Pudo dislumbrar su casa calle abajo, que sobresalía por encima de las demás. Aún con la tenue luz de los farolillos se podía apreciar el colorido del cuidado jardín que ésta tenía a su alrededor. A través de los ventanales de la planta baja se proyectaba luz, su esposa estaría aún despierta, esperándole... pero Armando no aceleró su paso, quería atesorar hasta el mas mínimo segundo de aquella noche, de la felicidad que un mundo en calma y perfecto le ofrecía. Armando era un hombre con suerte, a sus trenta y dos años había logrado ser feliz. Tenía su propia marca fabricante de Vehículos de diseño, que triunfó desde el primer momento y propulsó su capital mas que considerablemente. El éxito de su empresa le había otorgado una gran cantidad de tiempo libre, que invirtió en proyectos personales como sus tres novelas best sellers gracias a las que se le considera uno de los hombres mas cultos e inteligentes del país: "El interior del pez viento", "Tricotrando el alma" y "Admirando la perfección". Si, no cabía duda de que la vida había sonreido a Armando Martínez Parejo. -Hace una buena noche, ¿Verdad señor Martínez?- José, su vecino estaba de pie en el cesped de su casa en bata y fumando como siempre con su pipa, esperando a que su perro terminara de hacer sus necesidades para poder irse a dormir. -Ciertamente, así es.- Armando le dedicó una sonrisa a su vecino, que la recibió con su tradicional mueca de admiración-envidia mientras asentía levemente con la cabeza. Después de despedirse, Armando metió la mano en su bolsillo y sacó la llave de su casa, abrió la puerta y entró. Laura era la mujer mas bella que Armando había conocido en su vida, y no dudó un segundo en tomarla por su esposa. Sus largos cabellos negros brillaban bajo la leve luz que proyectaba el televisor. Abrió los ojos, se giró un poco sobre el sitio soltando un leve quejido y dijo... -Cariño... ¿Qué tal te ha ido? Te estaba esperando y..- Armando apoyó su dedo índice sobre los carnosos labios de su esposa. Desde la entrada del baño vió como ella se levantaba lentamente cubierta con su pequeña manta de lana y se marchaba escaleras arriba. Luego Armando entró en el baño y cerró la puerta. Cuando abrió el grifo del lavabo notó como un pequeño destello horizontal en su visión, pero trató de no darle mas atención de lo necesario, tan solo se frotó los ojos. Cuando se lavó los dientes y se puso el pijama, él también subió las escaleras. Laura le esperaba de rodillas sobre la cama, mirándole con ojos de deseo. Él le devolvió la mirada y comenzó a andar lentamente hacia la cama. Entonces, como un latigazo, la imagen que había visto hacía un minuto de Laura exhausta sobre el sofá le sacudió la cabeza, unido de nuevo al destello horizontal en su visión. Sabía lo que era, sabía lo que iba a ocurrir y tenía que evitarlo a toda costa. Se agarró la cabeza por las sienes y comenzó a girar mientras gritaba. Miró a la cama y Laura había desaparecido, miró al techo y vió como, poco a poco, una luz sustituía todo. Armando despertó, abrió los ojos y se incorporó violentamente, llevando por acto reflejo su mano derecha a su maltrecha espalda, que le propinó una dolorosa punzada. -¡¿Qué?! ¡¿Solo una semana y media?! ¡¡Pero que clase de mierda me vendieron!!. El tubo estaba vacío, tendría que salir a comprar. El conmutador Rem, el último y revolucionario invento producto de una de las mas famosas multinacionales. Un aparato capaz de manipular la mente mientras se encuentra en fase rem, estímulando los sentidos mediante sonidos, ultrasonidos, aromas y leves señales luminosas, modificando a placer los sueños creados por el subconsciente. Un aparato creado para provocar sonrisas y mejorar el sueño de millones de personas... Armando alzó la mano y cogió la foto de la mesita de noche, que fue tomada en sus años de instituto cuando compartía aula con Laura Méndez, y la arrojó al suelo gritando de nuevo palabrotas sin sentido. Debajo de la cama guardaba una pequeña caja de madera con el poco dinero que aún le quedaba del que le dejaron sus padres al morir. Cogió algo, se quitó la aguja y el vial de plástico que tenía adherido a la vena del pliegue de su brazo izquierdo y se dirigió a la calle. Aquellos callejones si que eran peligrosos, calles tan estrechas y de edificios altos en mal estado entre los que apena pasaba la luz durante el día, mucho menos en la noche. Al aproximarse a un portal de un bloque de pisos abandonado escuchó murmullos, así que metió su mano derecha en su bolsillo y agarró el trozo de cristal roto, que siempre llevaba como arma, preparado para sacarlo si fuera preciso pero al llegar al portal lo soltó. En éste no había mas que un hombre de aspecto horrible, tumbado en el suelo junto a una batería oxidada a la que había conectado un Conmutador Rem. Aquel hombre se golpeaba fuertemente una y otra vez la cabeza con el puño mientras susurraba: -Duérmete...Duérmete...- Antes de darse cuenta, llegó a la Plaza de los Tres Caminos, donde siempre solía andar la persona que estaba buscando. -Armando, Armandito... ¿Otra vez aquí? -Armando se dió la vuelta, tenía detrás a Carlos, el hombre corpulento a quien había venido a ver. A pesar de lo que le dolían las piernas, en el camino de vuelta se apresuró muchísimo mas. Cuando entró en la habitación, colocó el vial, se clavó la diminuta aguja en la vena del brazo e introdujo los datos en el Conmutador Rem. Cuando terminó, se sentó en el pie la cama y se dejó caer lentamente hacia atrás, preparado para adentrarse en lo que, para él, era su auténtica vida. Volvió en sí, su esposa le estaba dando pequeñas bofetadas para intentar reanimarlo. -Armando, te has desmayado. ¿Te encuentras bien? Cariño, ¿Has cenado algo? De nuevo en aquella habitación, miró a la mesita de noche, donde el Conmutador Rem desprendía un denso humo negro que casi había llegado al techo. Armando se levantó horrorizado, y apagó el aparato de un tirón, lastimándole la clavícula. Dolorido y con un ataque de ansiedad se desplomó sobre el suelo delante del aparato sabiendo que no volvería a vivir aquella vida, que no tenía dinero para otro Conmutador... Entonces pensó que tal vez aquello no era real, que tal vez esa vida maravillosa sería su vida auténtica, que solo sufría un mal sueño... Se sentó en el borde de la cama y con los ojos abiertos de par en par se quedó mirando el suelo fijamente, estrujandose las sienes con las manos para intentar despertar. Estubo así durante horas hasta que, rendido, cerró los párpados... para no abrirlos mas. |
por biku
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