|
||||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Artículos | Relatos e historias | WebComics | Cine | Videos | Foro | Staff |
![]() |
Gallina-gate |
Poco podía esperar de la vida Marcus a estas alturas. Eligió vivir sin preocupaciones, alejado de cualquier presión, de cualquier reto. Y es que Marcus no era precisamente un lumbreras, lo único que se le daba mínimamente bien (aunque sin destacar) eran algunas de las tareas del campo, por eso eligió vivir en una apartada granja, solo.
Marcus no era el tipo de hombre de campo que forma una familia y pasa sus tierras, recursos y conocimientos (en este caso escasos) de generación en generación. Le costaba muchísimo relacionarse… eso, unido a su poca agraciada figura y rostro le habían impedido siempre hacer amigos, mucho menos pareja. Tenía la cara redonda, con ojos pequeños, nariz muy ancha y cejas extremadamente pobladas, siempre solía llevar bigote y barba de varios días. Su pelo era muy rizado y, a pesar de tener calva, el poco pelo de alrededor de su cabeza lo acostumbraba a llevar bastante largo, no le gustaban los peluqueros. Era bajo y bastante obeso, aunque por algún problema hormonal porque comer, comía poco. Aquella tarde volvía sudoroso de labrar en el campo, estaba resfriado pero no había podido coger frío ya que estaba en pleno verano y hacía un calor que tumbaba. Probablemente era algún virus, o eso pensaba el. Antes de cruzar el pequeño escalón para entrar en su casa, estornudó. Manchó su cara y el suelo de mocos, "limpiándolo" con la suela del pie y pasándose el antebrazo por la nariz y la cara. No se molestó en lavarse luego, ni siquiera para empezar a preparar la comida. Una vez hubo terminado de preparar los pequeños pedazos de carne de pollo (algunos casi quemados, otros apenas hechos) los puso en un plato y se sentó en la mesa. Con los dedos aún grasientos de haber usado la máquina de labrar y cocinar el pollo, fue cogiendo y devorando uno a uno los trozos de carne, dando de vez en cuando pequeños sorbos a una botella de vino que, al parecer, siempre estaba en la mesa. Vino... esa era una de las pocas cosas que Marcus compraba en el pueblo camino abajo. Procuraba ir lo menos posible porque se sentía rechazado entre la gente de allí. Al terminar de comer se limpió la boca con el antebrazo, aún lleno de mocos, provocándose una desagradable sensación. Cuando terminó la botella de vino mientras descansaba en el porche de su casa, recogió los restos de comida y las cáscaras de la fruta del postre, los metió en un pequeño cubo de plástico azul y se los echó a las gallinas. Los gallineros estaban justo al lado del porche, a Marcus no le gustaban los típicos gallineros de alambre sin techo, así que había construido con piedra y cemento un gran gallinero que bien podría pasar por una habitación de la pequeña casa si una de sus paredes no fuera de tela metálica. Tras recoger los 3 únicos huevos que las 14 gallinas habían puesto y gritarles unos cuantos insultos y maldiciones desagradables por no haber recuperado la inversión que hacía en pienso, partió de nuevo a trabajar en sus tierras. No, aquel día no parecía especial en ningún sentido, pero a partir de aquella noche, las cosas nunca volverían a ser igual para Marcus. Ya prácticamente había anochecido, Marcus volvía cansado de trabajar. Se sentó en el mellado sofá del pequeño salón de la casa a ver la televisión. Un televisor en blanco y negro bastante pequeño y resentido ya con el paso de los años, casi era conveniente verlo a un palmo de distancia, y no por el tamaño de la imagen sino porque cada 2 o 3 minutos había que darle un golpecito. Marcus tenía siempre preparado un palo tallado de madera con el que podía alcanzarlo desde el sofá. Le entraron ganas de ir al baño. El baño lo tenía fuera de la casa, cruzando el porche, pasando por delante del gallinero. En el exterior (ya totalmente de noche) siempre había un extraño clima sombrío que a cualquier persona le daría miedo o por lo menos un pronunciado escalofrío, pero Marcus ya estaba acostumbrado. Más si añadimos el hecho de que al estar fuera de la casa no tenía luz eléctrica. Se metió en el interior del baño y se bajó los pantalones. Mientras estaba sentado en la taza pensó que al día siguiente tendría que ir a comprar pan al pueblo, esa idea no le agradaba. -Cómete mis heces...- Una voz suave pareció susurrarle al oído. A pesar de la suavidad de la voz, Marcus se sobresaltó de tal manera que se cayó de la taza. Se levantó y se subió rápidamente los pantalones. Lo había escuchado, había alguien en el gallinero. Se lamentó de tener la escopeta en el dormitorio de la casa, y miró alrededor para buscar algo con lo que agredir al intruso. Cogió un cazo que usaba para "evacuar" el WC tirándole agua desde una pila de lavar, a falta de cisterna. Salió decidido, pero con miedo. -Cómete mis heces...por favor.- La voz volvió a sonar. Ésta vez no le cabía la menor duda, venía del gallinero. Entrecerró los ojos para tratar de buscar una figura en la oscuridad del interior del gallinero, sin éxito. Entonces, sin pensárselo dos veces, abrió la puerta de alambre y entró, cerrándola tras de si. Las gallinas dormían sobre los pequeños troncos que atravesaban el gallinero de un lado a otro. Trató de forzar la vista pero ya estaba bastante claro, allí no había nadie. Se dio un par de golpes con la mano en la sien. Se lo había imaginado, no podría ser otra cosa. se giró hacia la puerta para salir de allí y entonces, una vez mas, volvió a oír esa voz. -¿Es que no me escuchas?...- Marcus se giró y miró hacia la esquina opuesta, apenas se distinguía una luz. -Estoy esforzándome, ¿No me oyes?- Se acercó a aquella diminuta luz, estaba empezando a asustarse de verdad. -Si, sé que me estás escuchando...- Continuó la voz. Eran.. ojos. Esa luz provenía de los ojos de una gallina, acurrucada en la esquina con la mirada perdida. La voz también salía de ella aunque, de alguna forma, era lanzada directamente al oído de Marcus, de modo que podía notar que solo él podía oirla. -Ésto no es verdad, las gallinas no hablan eh...-Marcus parecía empezar a calmarse y tomárselo de broma. -Yo no soy una gallina... bueno, no una gallina normal.- Marcus pasó de poner una cara de burla a una de medio enfado. -Cagón.. mira que hay cosas pa soñar, y va y me pongo a soñar ésto.- -No es un sueño, Marcus. Por favor, cómete mis heces. -¿Y esa chorrada de las heces? ¿Eso qué es? -Las heces son los excrementos, Marcus. La caca. -¿¿Osea que quieres que me coma tu caca??¿¿Va en serio?? Ni muerto, aunque esto sea un sueño.- La gallina se inclinó a un lado. Dejando ver las heces que había depositado sobre un pequeño plástico en el suelo. Las heces de las gallinas suelen ser amarillentas o incluso con tonos verdes...pero aquellas heces eran azules. Un azul tan brillante que casi brillaba de un modo atrayente. Marcus se quedó atónito. Mientras mas las miraba, mas se preguntaba que sabor tendrían. -"(Pero ¿Qué sabor? en los sueños nada sabe a nada)". Aunque pensar eso no le bastaba para detener las extrañas ansias que sentía por probar aquello hasta que, por fin, se convenció a si mismo. -Está bien, pero porque es un sueño. Entonces, se arrodilló sobre la tierra medio barrosa del gallinero y se inclinó para coger aquel extraño "material". Se lo metió en la boca, sabía a manzana. Entonces cayó en la cuenta. Estaba sintiendo sabor, por lo que no podía ser un sueño. El sol tan fuerte que había hecho, el haberse olvidado ésa tarde de su sombrero de paja... aquello era una leve alucinación provocada por algún tipo de insolación y lo que acababa de comer era sin duda restos de la fruta que comió al mediodía. Se apresuró a mirar a la gallina, que dormía plácidamente. No había ningún brillo ni escuchaba ninguna voz extraña. Se sintió estúpido. Sin mas se dio la vuelta y salió del gallinero. Mientras volvía a casa pasando por el porche empezó a sentirse mareado. -"(éste maldito catarro..."). Pero no llegó a abrir la puerta a la casa. Marcus cayó en redondo sobre el llano de cemento del porche, inconsciente. Cuando abrió los ojos, aún era de noche. Se levantó y recordó lo que había pasado. Al ver que se había defecado encima, acabó dando por hecho que simplemente se había desmayado en el porche y todo había sido un sueño, que ni siquiera había llegado al baño. Entró en la casa, se aseó un poco y se metió en la cama. Las siguientes horas fueron vueltas en la cama y ardores de estómago (que eran comunes en sus frecuentes noches de insomnio). El único gallo cantó temprano, como siempre. Marcus sabía que no había dormido bien, pero cuando abrió los ojos se sintió totalmente descansado. Se puso de pie rápidamente, bostezó y se miró los pies...se veía.. los pies. Rápidamente llevó sus manos a su vientre, y notó no solo que su barriga había desaparecido sino que ésta, junto con el numeroso vello que siempre tenía le habían dado paso a unos abdominales bien formados y prietos. Salió de la casa corriendo hacia el baño, para mirarse en el único espejo que tenía, uno de forma circular cubierto de polvo que colgaba sin marco en la pared detrás del water en el baño. Cuando se miró, Marcus no podía creer lo que veía. Su cuerpo parecía el de un atleta. Era obvio que había perdido una barbaridad de peso y ganado bastante altura. Además, su calva había desaparecido y su pelo tenía brillo y fuerza, su cara también había cambiado al perder peso, era mucho mas delgada y con las formas mas definidas, además sus ojos habían empezado a adquirir un tono verdoso muy profundo. Aquello no podía ser real, pero sabía que lo era. No encontraba el sentido... hasta que recordó aquel "sueño" que tuvo, cuando comió las heces de la gallina. Entonces repasó la vista, mirando una a una a las gallinas. Solía distinguirlas todas con facilidad, pero estaba demasiado oscuro cuando la vio la noche anterior. Frustrado, comenzó a gritar. -¿Cuál es la que me ha hecho esto? Un grupo de gallinas acurrucadas en el suelo al lado de la puerta se sobresaltaron y se alejaron de la pared de alambre, pero las que estaban mas separadas ni se inmutaron. Entonces, Marcus se fijó en el hueco que habían dejado en la tierra fangosa las que se habían apartado... Incrustados en el barro, montones de granos de pienso formaban la palabra "disfrútalo" y debajo, algo mas pequeño "vuelve esta noche". ...Continuará. |