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La Esfera de Cristal |
Una esfera, una enorme esfera de cristal flotando en el espacio. Entre grandes y casi transparentes nubes de un oscuro cielo salpicado por estrellas de todos los tamaños en lo que parece una infinita templada noche de verano. Dividida en dos hemisferios, separados tan solo por otro cristal. En el interior del hemisferio inferior, lleno de agua, nadan montones de peces de colores. Las dos especies conviven nadando y volando de un lado a otro de sus respectivos hemisferios, sin tenerse en cuenta. Ocurre entonces, que una pequeña pececita deja de nadar de un lado a otro como los demás, y se fija en los pájaros, tan bellos volando por encima de sus cabezas, agitando sus alas. Al mismo tiempo, uno de los pájaros se queda quieto en el aire aleteando para echar un vistazo a los peces, para admirar la belleza de sus colores y la forma tan grácil con la que se deslizan por el agua. Sus miradas se cruzan. Tan extrañados como tímidos, el pájaro y la pececita se acercan al cristal que une los hemisferios, mirándose. Permanecen así días, conociendose el uno al otro sin despegar su mirada, preguntandose como sería el tacto de sus escamas o sus plumas. Ese cristal les impedía comprobarlo. Saben que eso no va a cambiar, que por mucho tiempo que estén ahí ese cristal no va a desaparecer... pero por muy doloroso que sea, no pueden apartar la mirada ni alejarse del cristal. De repente, el pájaro deja de mirarla, se aleja del cristal, y comienza a ascender a la parte superior de su hemisferio. La pececita, entre triste y ofendida empieza a hacerse preguntas como "¿Me ha olvidado?" "¿Ya no quiere saber nada de mi?" "¿Se aleja de mi porque es imposible que estemos juntos?" Pero cuando ve al pájaro llegar al extremo superior del hemisferio, lo entiende. Ella también comienza a nadar al extremo inferior del hemisferio, a toda velocidad. Apoyados en los extremos superior e inferior, ambos se miran a pesar de la cantidad de peces y pájaros que nadan y vuelan entre los dos... entrecierran los ojos, ésa debe ser la señal. Al mismo tiempo, la pececita y el pájaro se dirigen a toda velocidad contra el cristal. El cristal se hizo añicos. Mientras el agua y el aire se mezclaban, ella pegó sus aletas a su vientre, mientras él la abrazaba entre sus alas. Sus plumas y escamas eran uno. Se abrazaron y amaron mientras peces nadaban por el aire y los pájaros volaban por el agua. Y es que hay veces que el amor puede romper en pedazos cualquier lógica. |