Oigo cómo se abre la puerta.
Has llegado.
Te espero mientras decoro el árbol. Siento cómo te acercas por detrás y me vendas los ojos.
¿Qué pasa?
Me giras y espero tu beso, tu boca baja y me rozas los labios con los tuyos. Me das besos fugaces que juegan con mi deseo.
¿Qué pasa?
Me coges en brazos y me llevas a la cama. Te doy un beso en el cuello e inhalo tu olor, hueles diferente, hueles a pasión violenta.
¿Qué pasa?
Me tumbas en la cama bocabajo, levantas mis caderas y presionas tu poya contra mi culo, todo mi cuerpo estalla en calor; la frotas con descaro mientras yo muerdo las sábanas para no gemir.
¿Qué pasa?
Subes mi camisón hasta la cintura y acaricias mi coño, ya está mojado, para tí, por tí.
¿Qué pasa?
Oigo cómo bajas tu cremallera, un gemido se escapa de mi boca llenando la habitación junto a nuestras respiraciones jadeantes.
¿Qué pasa?
Siento tu poya dura y caliente, con la punta juegas con mi clítoris arrancándome escalofríos de placer.
¿Qué pasa?
Me coges con fuerza las caderas hasta clavarme los dedos y entras en mí, colmándome. Te siento dentro, mas grande de lo que recuerdo.
¿Qué pasa?
La habitación se llena del sonido de nuestros cuerpos chocando, mis gemidos y tu respiración desordenada.
¿Qué pasa?
Con tus fuertes embestidas me llevas al borde del clímax y tú te vienes conmigo, llenándome de una extraña calidez.
¿Qué pasa?
Sales de mí y te tumbas a mi lado. Me abrazas y me besas.
Dios, no se por qué pero hoy me sabes mejor.
Me quito la venda y te miro…
No eres tú!.
Una sonrisa ensancha su cara, me mira con amor, con tanto amor que siento que me ahogo.
Sus brazos me rodean dejándome sin escapatoria, y en realidad me siento segura entre sus brazos.
- Sé que no debería hacer esto –me dice- Pero no me arrepiento.
Le sigo mirando. Mis ojos se llenan de lágrima, no quiero llorar. Me abraza con más fuerza y me da un beso. Dice contra mis labios:
- No llores, mi ángel de amor.
Mis brazos le rodean el cuello y le beso. Me susurra al oído:
- Yo soy la única persona que te amará así.
Le miro y pienso: “Qué cruel”. Él me sonríe, sabe lo que pienso, siempre lo ha sabido. Me besa y dice:
- Duérmete, mi niña. Yo siempre te cuidaré.
Los párpados me pesan, no quiero dormir, quiero mirarle. Su calor me envuelve, su olor, su voz que me susurra. Pero el sueño me vence. Antes de dormirme le digo: “Te amo”.
El sonido insistente de la alarma del reloj me obliga a despertarme, extiendo la mano y lo apago. Abro los ojos y sólo estoy yo. Busco alguna prueba de que no fue un sueño.
Me siento en le borde de la cama, mirando al suelo, intentando reprimir las lágrimas hasta que ya no puedo y pienso: “Tú eres la única persona a la que amaré así”. |