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Vamos a entendernos
El lenguaje está hecho para comunicarse. Cuanto más complejo y rico sea ese lenguaje, mejor podremos comunicarnos. No obstante, son necesarios también una mente ágil y un amplio conocimiento. Y, aún así, muchas veces es imposible comunicar cómo nos sentimos. Hay sensaciones para las que no tenemos conceptos, porque son muy personales y pueden variar de una persona a otra, pero que, irónicamente, casi con toda seguridad serán iguales a las de otras personas que existen, han existido y existirán.

Esto puede solucionarse expresando esos sentimientos hasta, con el tiempo, alcanzar cierto grado de complicidad suficiente con una persona como para que te entienda mínimamente. Y es por esto que la complicidad es lo que se busca en una relación: para comunicarse mejor; para entenderse mejor, pero no con palabras, sino con ideas y sentimientos. Por ello se puede decir que lo que buscamos respecto al amor es comunicación y, sobre todo, comprensión.

Pero, centrándonos en los sentimientos (en su sentido estricto y no sólo en lo referente a las relaciones afectivas), se puede decir que estamos solos. Nuestra realidad es distinta de la de los demás, a pesar de que vivamos en la misma. Nuestros sentidos no nos engañan, como Platón pensaba; lo que nos engaña es nuestra interpretación de los mismos, que varía según las vivencias y conocimientos de cada individuo.

Una de estas ‘vivencias’ a destacar es la ‘primera vivencia’. Es decir, la primera vez que nos ocurre algo, que en la mayoría de los casos se convierte en un referente para las veces siguientes. Esto pasa, por ejemplo, cuando conoces a alguien de nombre X y llegas a vivir mucho tiempo con esa persona antes de conocer mínimamente a otra persona de igual nombre. Lo que sucede es que te resulta extraño, ya que el nombre X lo habías transformado en un concepto, casi en un adjetivo, el cual reunía los defectos y virtudes más destacables, subjetivamente, de la persona en cuestión, y al oír el nombre X, referente a otra persona distinta, inmediatamente imaginas que debe de ser como el X que tú conoces.

Esto sucede con todo. Pero para un ejemplo más personal y creo que más ilustrativo, voy a centrarme en ‘el primer amor’. Cuando esto te sucede, y te sucede de verdad, lo tomas como un referente, y el resto lo comparas con este. Y a veces ocurre que este amor lo asocias a unas sensaciones determinadas que no puedes asociar con otra cosa. Algo que, aunque pasen los años y creas que no puedes volver a sentir algo así, cuando recuerdas, aunque sea en sueños, ese amor, lo sientes, pero no puedes comunicarlo ni expresar exactamente qué o cómo es. Es una sensación que simplemente la percibes como diferente y, por lo tanto, especial, pero que es positiva, y es lo que la hace especial (nuestro cerebro tiende a eliminar los recuerdos y sensaciones desagradables).

Y ¿Qué vas a decir? ¿”Es como cuando… “, “se siente como si… “? No se puede explicar. Lo único que puedes decir es que es especial, y si la otra persona ha tenido una sensación o experiencia similar, sabrá a qué te refieres, aunque el sentimiento en sí sea distinto.

Por esto la tarea más difícil de (no de un escritor, cuya acepción más inmediata es aquel que se gana la vida escribiendo) alguien que escribe es expresar realmente lo que pasa por su cabeza. Así que intentad leer, y releer, entre líneas. Intentad conocer a aquel que escribe. Y una vez sepáis hacerlo, hacedlo también cuando lo escuchéis hablar. Sólo así aprenderéis a comunicaros, y así a ser cómplices, y así a amar.

por Kaito

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