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El fútbol: "panem et circenses" |
Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un imperio en crisis. Los gobernadores, que estaban perdiendo la confianza de la gente, decidieron levantar en Roma un gran edificio que permitiera recrear espectáculos que distraerían al pueblo de los profundos problemas en los que se encontraba el imperio. Mataron, así, dos pájaros de un tiro: por un lado dieron trabajo a la población para construir el edificio, y por el otro, una vez construído, consiguieron que el pueblo entrara en una burbuja. "Panem et circenses", pan y distracción es la fórmula. Dos milenios después, las luchas entre gladiadores han sido sustituídas por algo más lucrativo aún: el fútbol, que además tiene la ventaja de que cuando uno de los dos bandos pierde sigue vivo para otra función.
Después de esta breve introducción voy a proceder a dar mi opinión sobre el fútbol. Algunos me vais a tener que perdonar, lo sé. Allá vamos. Hoy en día el fútbol es el espectáculo de masas por excelencia, el máximo exponente de la mediocridad deportiva y también de la mediocridad social. Es increible la cantidad de gente cuyo estado de ánimo varía en función de que "su equipo" gane o pierda un partido. Me parece especialmente grave el caso tan frecuente de aquella persona que sólo sabe hablar de fútbol. Si le dices que no te gusta el fútbol se sorprende, te mira con mala cara, se rie, o se va corriendo. Se lo toman como si dijeras "soy ateo" en tiempos de la inquisición. Una anécdota: el otro día jugaba el Barça y coincidí con un chico en el ascensor. Sin haberlo visto nunca antes, me preguntó de sopetón: "¿Cómo crees que quedarán hoy?". Al principio no sabía de qué me hablaba. Ante mi cara de confusión, él aclaró: "el barça...". Joder, me parece excesivo. ¿Es que todo el mundo tiene que ser un apasionado del fútbol? Y luego, a veces ellos mismos, se quejan y se burlan de los frikis de Star Wars, El Señor de los Anillos o de cualquier otra cosa.
El día en el que se enfrentaban el Barça y el Manchester en la Champions escuché a un Culé decir seriamente: hoy puede ser el día más feliz de mi vida. Tantos años llevan los filósofos buscando la felicidad y el sentido de la vida y resulta que ellos ya lo han encontrado. Les admiro. Varias veces me he preguntado qué es lo que mueve a una persona a ser de un equipo u otro y no encuentro una resupuesta que me deje satisfecho. En teoría no se debería mezclar la política con el fútbol, aunque en algunas ocasiones sí se da. En cualquier caso, creo que es una gilipollez asociar un equipo con una ideología. ¿Tienen razón los que ganan? No, diréis al unísono. ¿Entonces por qué separar ideologías en equipos en vez de juntarlas para fomentar la tolerancia? Como si no tuvieramos suficiente con la violencia verbal y física que se escupen muchas veces entre equipos contrarios. Vale, pues esta razón está descartada. ¿Acaso piensan, pues, los fanáticos, que su equipo es el mejor? Esto no puede ser razonable, por varios motivos. Si esta fuera la razón de peso, cuando un equipo perdiera, todos los fans del equipo perdedor deberían "convertirse" en el equipo que les ha ganado, puesto que es "mejor" que el suyo. Y si no lo aceptan a la segunda o tercera que pierden es que son malos perdedores. En el último partido Barça-Madrid (6 a 2 a favor del Barça) todos los hinchas de Real Madrid con dos dedos de frente se hubieran pasado al bando contrario, porque aceptarían la superioridad de su rival. Pero no fue el caso, por lo tanto las cosas no funcionan así en el fútbol: la gente no suele cambiar nunca, en su vida, de equipo. Ser de un equipo es algo a lo que nunca puedes renunciar, aquí no vale "haberte equivocado". Sin embargo, cada temporada los jugadores cambian. Se venden y se compran jugadores como si fueran mercaderías. Por lo tanto, los fans son fans de un concepto, no de un equipo, porque el equipo cambia cada dos por tres. Los jugadores, entrenadores y su puta madre son los que están como podrían estar otros. Es un jodido negocio y sólo importa ganar y hacer dinero. Entonces... pertenecer a un equipo u otro es totalmente banal y arbitrario. Podemos concluir, pues, que mucha gente necesita identificarse con algo (fútbol), así como otra gente necesita creer en algo (religión). El ansia de buscar un objetivo en la vida lleva al individuo a dejarse llevar por los medios y aceptar ser seguidor del objetivo de unos pocos: amasar una gran fortuna. Aunque, ciertamente, el individuo no lo ve así. Si toda la gente, fanática de Pepitos o Melitos, pusiera esa pasión que tiene por el fútbol en un objetivo común podrían cambiar el mundo. El pueblo es el verdadero protagonista de la historia, por más que nos hagan creer que las cosas sólo las pueden cambiar los "de arriba". Creo que se han olvidado los tiempos en los que los sindicatos (por ejemplo) realmente servían para hacer cambios sociales porque se nos ha dado "pan y distracción". La gente está más desvinculada de todo, excepto para ir a celebrar una victoria.
Bueno, y para acabar el artículo, una aclaración que me puede salvar la vida: no critico que a alguien le guste el fútbol, critico que este sentimiento se lleve a un extremo. El fútbol es un deporte y no habría que considerarlo más que eso: un deporte y punto. Los medios de comunicación ya condicionan este fanatismo absurdo dando, en las secciones de deporte, una importancia al fútbol tan grande que ocupa el 80-95% del contenido. Como si sólo existiera el fútbol, vaya. |
por dedecuac (29/05/09)
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